Somos vecinas del barrio organizadas porque #QueremosVivirEnHortaleza. Infórmate del estado actual de la vivienda en nuestro barrio.
Quienes participamos en la Campaña de Vivienda somos vecinas de Hortaleza que buscamos conocer lo que pasa para transformarlo, difundiéndolo para que todo el barrio sepa lo que ocurre en sus calles y se pueda implicar con el mismo impulso transformador con el que empezamos nosotras.
Formamos parte de un tejido asociativo muy activo, que viene de una larga trayectoria de luchas colectivas, y que ya se ha organizado para conseguir hacer del barrio un espacio donde vivir, y no lo que las administraciones y empresas han querido hacer de él. El sentimiento de pertenencia nace de los momentos de adversidad, de la necesidad de unión y de la conciencia de haber construido el barrio juntas, a través de las generaciones.
Ir a la Red SindicalLa asociación vecinal La Unión de Hortaleza nació a finales de 1974 como una de las primeras asociaciones del barrio, llegando a estar formada por 9 comisiones de barrio: Pueblo de Hortaleza, Huerta de la Salud, el Carmen, Parque de Santa María, UVA de Hortaleza, Orisa, San Miguel, Virgen del Henar y Los Alpes.
Por su parte, en 1976 se organizaba, tras la solicitud de la Asociación de Amas de de Casa Nueva Esperanza, en Canillas, la primera manifestación autorizada en Madrid tras la muerte de Franco, mediante la cual las distintas asociaciones de la zona reivindicaban la mejora de los accesos al barrio, aprobándose por fin la remodelación de la Carretera de Canillas en junio de 1977.
Ese mismo año surge el periódico La Unión de Hortaleza con una tirada de 9.000 ejemplares, que también sirvió como instrumento tanto de información como de reivindicación frente a los problemas y dificultades del barrio.
En 1979 se constituyó la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos de Hortaleza, englobando asociaciones vecinales, juveniles, de mujeres y culturales. El documento "10 puntos para cambiar un distrito", como primera presentación conjunta de demandas, constituyó un primer ejercicio de democracia participativa, a partir del cual se consiguieron multitud de reivindicaciones, como la construcción de los polideportivos de Hortaleza y de Villa Rosa (hoy Luis Aragonés) y de varios institutos, la conservación de edificios históricos como el Silo en Huerta de la Salud o el Hogar de Isabel Clara Eugenia, numerosas zonas verdes, colegios, centros de salud, centros culturales y de mayores, acondicionamiento de calles, pavimentación, alumbrado, retirada de torres y cables de alta tensión, erradicación de chabolismo y el metro. También se instauró la celebración de la Cabalgata de Reyes, el mercadillo y comenzaron a celebrarse fiestas populares en la mayoría de los barrios. Herencia de aquellas luchas vecinales, Hortaleza sigue siendo uno de los distritos con más asociaciones ciudadanas de Madrid.
En el año 2008 Hortaleza se moviliza con ocasión del proyecto de construcción de una gasolinera de Repsol en el espacio del mercadillo que llevaba funcionando desde hacía 25 años. Estaría cerca de un colegio, un instituto, una piscina pública, varios bloques de viviendas, un polideportivo, un club de fútbol y un parque infantil, existiendo, además, cuatro gasolineras en un radio de 2 kilómetros. El proyecto también afectaba al pinar situado enfrente y a las pistas al aire libre del polideportivo de Hortaleza, ya que iba a permitir a la multinacional petrolera levantar un centro de formación sobre esos terrenos municipales. Cuando la noticia llegó al barrio, provocó un masivo rechazo vecinal. El proyecto de Repsol acumuló más de 4000 alegaciones, y la AV La Unión lideró unas protestas que llegaron a ser multitudinarias, como en la manifestación de octubre de 2008 que culminaría con cientos de personas formando un enorme "No" cerca de las parcelas afectadas. En 2017, tras toda esa presión vecinal, se consigue que el Área de Urbanismo Sostenible del Ayuntamiento extinga la adjudicación a Repsol "por imposibilidad sobrevenida de su cumplimiento", y la devolución del canon que pagó la empresa, despidiendo así de forma definitiva el proyecto de la gasolinera.
Las primeras cabalgatas en el barrio datan de 1974 y estaban organizadas por las diferentes asociaciones vecinales del distrito que sufragaban los gastos. A partir de 1980, la Junta Municipal de Hortaleza asumió la organización de este evento en colaboración con los entes sociales, que siguieron participando en la construcción y diseño de las carrozas. Esta tradición se fue repitiendo durante más de 25 años, hasta que, en enero del 2008, Elena Sánchez Gallar, concejala presidenta del Distrito, del PP, tomó dos decisiones: cambiar el recorrido de la Cabalgata para que pasara por el centro comercial de Mar de Cristal y adjudicar la organización de la fiesta a una empresa privada. Y Hortaleza se defendió. Muchas asociaciones unieron trabajo y esfuerzos para recoger miles de firmas que entregaron en el Ayuntamiento intentando convencer al alcalde del error de su concejala. Habiendo recibido un NO por respuesta, decidimos salir a la calle para reclamar que la cultura popular no podía convertirse en un negocio especulativo, y ese mismo año se montó la "Primera Cabalgata Alternativa en Hortaleza", organizada íntegramente con la ayuda desinteresada de vecinas y colectivos del barrio. Fue todo un éxito, y a ella acudieron, además de prensa y televisión, cerca de 3.500 vecinas del barrio. Al año siguiente, la misma concejala volvió a privatizar la cabalgata, y las vecinas se volvieron a juntar para organizar la "Segunda Cabalgata Alternativa en Hortaleza". Durante algunos años, Hortaleza tiene 2 Cabalgatas, pero solo una participativa, hasta que en 2012 ya solo sale esta última, la de toda la vida, siendo reconocida por la Junta en 2014 y volviendo a recibir apoyo de la misma a partir de 2016. Desde entonces se ha mantenido así: una cabalgata participativa organizada por el barrio, con un apoyo limitado por parte de las administraciones y como una reivindicación vecinal que se manifiesta contra las políticas públicas urbanas de gentrificación, de apropiación de lo público y lo colectivo para el beneficio privado que deja fuera a las mayorías y que nos desarraiga.
El año 2021 también fue histórico en victorias del barrio. Las vecinas, aupadas por asociaciones vecinales como las de Villa Rosa, San Lorenzo o La Unión, y otras como Danos Tiempo, la Asociación de Compostaje Comunitario de Hortaleza y la JAH, consiguieron frenar varios macroproyectos: desde la pirámide de Nacho Cano hasta el macroparking de Mar de Cristal, pasando por otro aparcamiento de Iberdrola y un gigantesco gimnasio. En marzo, una veintena de asociaciones vecinales, culturales, deportivas, juveniles y Ampas del distrito, salieron a la calle para protestar contra la creación de 294 plazas para coches y motos en Mar de Cristal. El parking, aseguraban vecinas y vecinos, atraería más coches y contaminación. Proponían la construcción, en su lugar, de una biblioteca, que sin duda será uno de los próximos logros del barrio organizado…
El siguiente pulso se lo ganamos a la iglesia católica. La congregación religiosa de San Vicente de Paúl, conocida en el barrio como los Padres Paúles, quiso vender los terrenos de la centenaria plaza del pueblo de Hortaleza a la empresa Ingesport, para levantar un macrogimnasio GoFit. Pero la presión vecinal y un informe desfavorable de la Comisión Local de Patrimonio, frenó la venta de los edificios centenarios que rodean la plaza de la Iglesia.
Las vecinas seguimos defendiendo vivir en nuestro barrio contra las administraciones públicas que permiten a las empresas privadas hacerse con nuestras calles y nuestras casas. Como vemos, la lucha por la vivienda en Hortaleza es también la lucha por el terreno urbano en general, ya que la forma en que se construye nuestro entorno (y también su abandono y deterioro) influye en nuestras posibilidades de acceder a una casa; ambas cuestiones se ven afectadas por un proceso de especulación financiera y enriquecimiento privado que no beneficia a las vecinas que habitamos este espacio. Pero también vemos que nuestra fuerza aumenta y es capaz de hacer frente a estos procesos siempre que nos hemos organizado.
"La unión ha hecho, hace, y hará nuestra fuerza."Conoce la Red Sindical
Queremos Vivir en Hortaleza
Hay bienes, como la naturaleza o la vivienda, que son necesarios para todos los seres humanos y en ningún caso deberían ser privatizados o considerados como mercancía. La política pública, en cambio, presiona para que se valore socialmente el bien privado por encima de la intervención colectiva en la construcción del hábitat urbano. Frente a ello, nosotras nos manifestamos por el derecho al uso de la vivienda sobre la propiedad privada.
En nuestro país hay 4 millones de viviendas vacías mientras se ejecutan algo más de 40.000 desahucios en un año; existen viviendas suficientes para todas las personas que las necesitan, ni siquiera es necesario construir más. La vivienda como un medio para obtener ingresos es lo que está dejando a gente sin casas.
El ser humano está hecho de espacio y de tiempo; es un transcurrir en un espacio concreto, pero en el sistema neoliberal la relación humana con los demás, con el entorno y con una misma, está mediada por su mercantilización. Esa reducción de la relación del humano con el entorno solamente a lo monetario supone una agonía del territorio como símbolo, y expulsa a quienes menos tienen de las calles, los barrios y los patios. Reivindicamos el territorio como apropiación del espacio, porque esa apropiación es poder transformador; el territorio no es un asunto a ocupar sino un asunto de ser. Donde vivimos es un lugar que transformamos y que nos forma como personas, de ahí el arraigo al territorio.
Le damos valor al habitar, cuya forma latina es habitare, frecuentativo de habere (tener), por lo que podemos entender este término como "tener de manera reiterada". En ese sentido, se habla del lugar que tenemos, como la morada o el barrio donde nos interrelacionamos con nuestras vecinas. Si estamos de paso o de visita no lo habitamos. Habitar no es solo tener un techo, una casa en el sentido de refugio, sino considerar ese espacio y lo que lo rodea como tuyo. Queremos vivir en nuestros barrios, estar juntas en lo cotidiano, unirnos para luchar y que la gente nueva que llegue se incorpore a este habitar.
En un sistema en el que tenemos que "ganarnos la vida", ¿a dónde se va la riqueza que generamos?, ¿qué porcentaje de lo que ganamos dedicamos al pago de vivienda? El precio de la vivienda hace que le dediquemos tal cantidad de dinero que no se diversifica el gasto, lo que afecta a otros aspectos de la vida, como la alimentación, la salud, la educación, el transporte o la capacidad de reaccionar ante cualquier imprevisto. Muchas familias, se tienen que conformar hacinadas en infraviviendas, con humedades, con tuberías viejas que arrastran residuos, con repentinas subidas de alquiler... Esta inestabilidad, cuando el objetivo se reduce a sobrevivir, provoca situaciones de tensión y estrés que acaban afectando a la salud y agravan situaciones de desigualdad. La vivienda se está pagando como un bien de consumo y de especulación cuando es una necesidad básica.
No faltan casas, pero se siguen construyendo barrios con una configuración que, cada vez más, tiende a fomentar el individualismo: las casas y urbanizaciones están construidas "de puertas para dentro"( los PAUs) , de forma que existe una barrera entre ellas y el territorio. La calle deja de fomentar la relación social y sólo sirve para el tránsito y el consumo... ¿Y qué ocurre con las zonas verdes? En Hortaleza hay un 50% más que la media del resto de Madrid, pero en muchas zonas de reciente construcción se cuentan como zonas verdes espacios no utilizables, como las rotondas. ¿Para quiénes se están pensando esos espacios? ¿Eso es poner a las personas en el centro?
La mejora de las condiciones generales del barrio debería ser beneficiosa para las vecinas, pero parece que actualmente estas no pueden darse sin que vayan de la mano del interés especulativo de bancos, empresas e instituciones, provocando así la expulsión de aquellas con rentas más bajas, ya sea la población antigua del barrio o las hijas y nietas de estas, que, al verse obligadas a irse, ven empeorar sus condiciones de vida y pierden sus lazos comunitarios, lo que afecta también a quienes pueden quedarse.
Conocer, aprender lo que ocurre con la vivienda en nuestros barrios nos ayudará a luchar y presionar por una solución habitacional para todas. La vivienda es un ejemplo más del encarecimiento de la vida al que nos hemos visto sometidas, y no podemos entenderlo ni solucionarlo de manera aislada. Por eso nuestro objetivo fundamental es fortalecer las relaciones sociales para luchar juntas por un barrio donde quedarnos y donde quepamos todas.
Reivindicamos la necesidad de democratizar la gestión urbana, no simplemente accediendo a lo que existe sino transformándolo y renovándolo. Para ello, será central recuperar la función social de la propiedad y hacer efectivo el derecho a participar en la toma de decisiones. Queremos una ciudad en la que se priorice el interés público definido colectivamente, garantizando el uso socialmente justo y ambientalmente equilibrado del territorio.
La vivienda es una necesidad básica, por tanto proponemos que la lucha no sólo se dirija a que los más desfavorecidos tengan acceso a una, sino que como sociedad entendamos que la vivienda no es un bien especulativo y no puede estar sujeta a los vaivenes del mercado.
¡Por el control y la autogestión del barrio por sus vecinas!
O nos lo dan o lo recuperamos.
Cómo se ha transformado nuestro distrito
Tras su anexión a Madrid en 1950, mediante un decreto aprobado en 1949, en 1963 se incluye a Hortaleza en el Área Metropolitana de Madrid, lo que derivará en una rápida transformación entre finales de los años 60 y principios de los 70.
En apenas tres años (1967-1970), Hortaleza dobla su población y pasa a convertirse en uno de los núcleos periféricos de Madrid con mayor número de habitantes. En las décadas de los 70 y los 80, Hortaleza se mantiene como una zona rural con carácter residencial y dependiente de vías urbanas como la calle Arturo Soria y López de Hoyos. A partir de los años 90, el distrito entra de lleno en la economía de servicios característica de las ciudades modernas.
1. La expansión del sector servicios, fundamentalmente centros comerciales y grandes superficies. En 1992 tiene lugar la apertura del Centro Comercial Gran Vía de Hortaleza, que influye en la configuración de las conexiones con las redes de transporte y comunicación regionales, y también cambia el entramado de calles y edificios.
2. Una red extensa de transporte público que comunica Hortaleza con el centro de la ciudad, con las estaciones de ferrocarril de Nuevos Ministerios, Chamartín o Atocha, y con el Aeropuerto.
3. La construcción del Recinto Ferial en el Campo de las Naciones, IFEMA, y la apertura del eje urbano de Hortaleza, Gran Vía de Hortaleza.
IFEMA, el Palacio Municipal de Congresos, el Parque Juan Carlos I y un campo de golf se encuentran localizados en una zona altamente rentable en términos inmobiliarios y de disponibilidad de suelo libre. Han supuesto la llegada de importantes empresas vinculadas a la industria tecnológica y farmacéutica, junto a una gran transformación en el tipo de vivienda, con la construcción de vivienda de alta calidad tanto adosada como exenta. Este cambio también sentó las bases para la planificación y edificación posterior del proyecto Ciudad Aeroportuaria-Parque de Valdebebas.
La Orden de 4 de abril de 2011, de la Consejería de Economía y Hacienda, declara zona de gran afluencia turística al área denominada Recintos Feriales-Campo de las Naciones y los edificios cercanos, lo que implicó la calificación de áreas turísticas de forma progresiva para la Gran Vía de Hortaleza y de todo el distrito.
La aprobación en 2019 del proyecto Madrid Nuevo Norte (Operación Chamartín), tras 30 años de litigio y a pesar de la oposición del tejido vecinal de los distritos afectados, ha sido un factor más de atracción de capital especulativo al barrio.
El cambio en la normativa que ha permitido transformar miles de locales comerciales en viviendas, sumado a la venta masiva de viviendas de alquiler a fondos especulativos, o las "simples" subidas de precios, han generado un cambio muy rápido de población en distintas zonas del distrito. A esto se añade la construcción de los 4 rascacielos en las Cárcavas o el proyecto de residencias de lujo en la Avenida de San Luis, cambios que no solo generan desarraigo para muchas personas, sino que, para las que permanecen, dificultan la vida día a día con importantes aumentos de precio en negocios que siempre habían sido "de barrio".
Sobre todos estos procesos y sus consecuencias para las vecinas de Hortaleza es sobre lo que queremos informarnos e informar, para organizarnos y defender juntas un barrio que no sería lo que es sin la lucha vecinal que lo ha construido.
Conoce nuestro distrito y sus barrios
Hortaleza es un distrito situado en el noreste de Madrid formado por seis barrios administrativos: Palomas (colonia Piovera y barriada Arroyo del Santo), Piovera (urb. Conde de Orgaz y viviendas de reciente construcción entre C/ Silvano y Avda. de los Andes), Canillas (parte del antiguo pueblo de Canillas), Pinar del Rey (casco antiguo de Hortaleza, barriadas de San Lorenzo, Santa María y Unidad Vecinal de Absorción de Hortaleza, entre otras), Apóstol Santiago (conocido como Manoteras) y Valdefuentes (zonas industriales antiguas como Virgen del Cortijo y de reciente urbanización como los PAU de Sanchinarro y Valdebebas).
Aunque ninguno de los barrios administrativos recibe el nombre de Hortaleza, sus habitantes sí lo perciben como tal. Las vecinas conocen y dividen los barrios con otros nombres y parámetros según uso y costumbre. En este mapa iremos mostrando la información recopilada sobre la situación de la vivienda en las distintas secciones del distrito. Hemos situado también la localización de las asociaciones vecinales y colectivos que participan en esta campaña.
La historia de un barrio construido para el alquiler
El barrio Parque de Santa María, en Hortaleza, fue levantado en los años 60 por la promotora Construcciones Residenciales y Sociales SA (CRYSA), propiedad de la familia Miarnau Banús. La inmensa mayoría de las miles de viviendas que construyeron en los barrios de Parque de Santa María y San Miguel quedaron en manos de la misma familia, que pasó a explotarlas en régimen de alquiler a través de diversas inmobiliarias (Tajuña, Morata, Lozoya, Atazar… vinculadas actualmente a Reside Global SL).
En los primeros años regía la ley de arrendamientos urbanos de 1964, en la que los contratos se renovaban anualmente de forma indefinida y las subidas de la renta mensual estaban vinculadas al IPC. Pasaron los años y llegó la Ley Boyer, que entró en vigor el 9 de mayo de 1985 y que suprimió la prórroga forzosa obligatoria para la persona arrendadora. Aun así, sentencias como la del Tribunal Constitucional de 17 de marzo de 1994 todavía declararon la no inconstitucionalidad de la prórroga forzosa del contrato de arrendamiento.
La Ley 29/1994 de Arrendamientos Urbanos (LAU 1994), aplicable desde el 1 de enero de 1995, terminó definitivamente con el modelo de contratos de arrendamiento indefinidos, estableciendo una prórroga forzosa limitada a 5 años y una prórroga legal de 3 años.
En 1995, la AV La Unión de Hortaleza negoció con Administraciones J. Miarnau la aplicación de la nueva ley a los contratos de alquiler en el Parque de Santa María y el Barrio de San Miguel, llegándose a acuerdos más o menos satisfactorios para ambas partes: la aplicación de los precios de mercado para los contratos con cláusula de prórroga forzosa duraría diez años y se prorratearía en doce plazos anuales el pago del IBI. A quienes no quisieran acogerse al acuerdo se les mantendría el contrato sin subida pactada durante ocho años, y al final se les rescindiría.
En 2015, Jorge Miarnau Banús (una de las 100 mayores fortunas españolas, con más de 800 millones de euros) pone a la venta sus propiedades del Parque de Santa María y del Barrio de San Miguel, repartidas en tres inmobiliarias: Urbión, Francolí y Hontanar, de la compañía IOSA, que forma parte del grupo Comsa Emte.
La mayor parte de esas viviendas estaban habitadas. A quienes tenían contratos bajo la ley del 64 les ofrecieron comprarlas; algunas familias compraron y las demás vieron cómo sus viviendas eran adquiridas por el fondo de inversión Ponca Investments, SL. Los contratos bajo la ley del 94 se vendieron íntegramente a Picton Investments, SL. Ambas sociedades eran entonces propiedad de Valentín Bascuñana Más, empresario dedicado a la gestión de inmuebles a través del fondo B Capital Partners. En enero de 2016 finalizaba la compraventa de 799 viviendas, más de la mitad con inquilina o inquilino.
Ante la nueva situación de vulnerabilidad, el vecindario comenzó a organizarse. Se celebraron asambleas en La Unión de Hortaleza y se creó la Asamblea de Inquilinas de Hortaleza. Cantidad de gente joven ha tenido que irse del barrio por no poder acceder a una vivienda. Vecinas a las que las subidas del alquiler han deteriorado su vida, o que han tenido que dejar sus viviendas por no poder afrontar los pagos o porque no les renovaron los contratos. Fondos de inversión que adquieren viviendas y en un plazo de 3 a 5 años las revenden con un beneficio astronómico, caiga quien caiga.
Y todo esto, ¿para qué? ¿A quién beneficia? ¿Dónde están quienes han tenido que irse? ¿Cómo sobreviven quienes tienen un alquiler inasumible? ¿Quién se lleva, realmente, los beneficios de todo este proceso?
Una articulación de vecinas y colectivos
Entendemos la red sindical como una articulación de vecinas y colectivos, con el objetivo de estrechar vínculos e intercambiar información, experiencias, recursos y herramientas.
Un espacio donde consensuar pautas comunes para posteriores negociaciones, y donde llevar adelante acciones conjuntas de modo organizado. La red intenta superar el aislamiento y el desconocimiento de la realidad de las personas, con encuentros e intercambios que en muchos casos determinan ejes de lucha, reivindicaciones comunes y acciones conjuntas de solidaridad. Porque las mejores soluciones son aquellas que nacen de un proceso de creación colectiva.
Con este proyecto, "Queremos vivir en Hortaleza", pretendemos reforzar la red sindical en el barrio, que agrupa a los diferentes colectivos que luchan por los derechos sociales de sus vecinas. Es una red solidaria de apoyo mutuo y asesoramiento colectivo basada en el compromiso. No todas las personas tienen problemas laborales o de vivienda en la actualidad, pero ninguna estamos a salvo de sufrirlos: por eso es muy importante estar unidas para que, cuando el sistema nos golpee, le podamos parar el golpe y, por qué no, ¡atacarlo!
El objetivo último de la red sindical es la construcción de herramientas y estrategias que permitan el control y la autogestión directa del barrio por sus vecinas: la construcción de un barrio libre, en el que el bienestar de las personas no dependa de entidades externas con intereses opuestos.
Este trabajo se construye con la información de todas
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